REGLAS PARA UNA COCINA FUNCIONAL

28 Abril, 2017 Arquitectura

El diseño de las cocinas está cobrando cada vez mayor importancia en nuestras viviendas, para lo cual vamos a exponer algunas sencillas reglas que nos permiten conseguir una cocina funcional.

Partiremos desde el diseño y la distribución de la cocina, para lo que resultará fundamental el concepto del “triángulo de trabajo”. Este triángulo está formado por el fregadero, la placa de la cocina y el frigorífico, conformando la zona de mayor actividad de la cocina. Debemos evitar obstruir la circulación dentro de este triángulo, así como distanciar demasiado sus elementos.

Una buena iluminación es fundamental, tanto natural como artificial. No olvidemos que la cocina es un espacio de trabajo en el que utilizamos elementos peligrosos tales como fogones o cuchillos, por lo que deberemos evitar sombras dentro de este espacio y reforzar con una iluminación específica, sobre todo en la zona de preparación de alimentos.

Teniendo en cuenta la consideración de la cocina como espacio de trabajo, el empleo de campanas extractoras siempre deberá estar apoyado en una ventilación natural para que la atmósfera de la cocina sea más limpia, agradable, y adecuada para su uso.

En la cocina se va a concentrar una gran cantidad de elementos a almacenar (desde utensilios de cocina y alimentos hasta todo lo relacionado con la limpieza del hogar), por lo que será importante prever el espacio de almacenaje necesario y su correcta distribución. Para ello la participación del cliente será clave, de manera que la cocina pueda adecuarse a sus necesidades lo máximo posible.

Una vez conseguidos los elementos de apoyo al trabajo (distribución, iluminación, ventilación y almacenaje), debemos poner atención al propio espacio de trabajo. Las actividades que se realizan en la cocina requieren de la presencia de una encimera, para lo que podremos optar por desarrollos de cocina en línea, en L, o en U, así como utilizar islas o penínsulas. Es conveniente que cuente con una gran superficie, y que se sitúe preferiblemente cerca del fregadero y la placa de la cocina.

Llegados a este punto ya tendríamos el diseño de nuestra cocina: funcional, adaptada a nuestras necesidades, y con los elementos de apoyo al trabajo perfectamente controlados. Ahora tendremos que pensar en la protección de este espacio de trabajo. Esta protección se logrará a través de la elección de materiales: deberemos elegir materiales de gran resistencia y de fácil limpieza, dado que las superficies de una cocina van a estar expuestas al trabajo diario que se realiza en ellas. Así, es aconsejable evitar paramentos verticales que tengan alta porosidad, sobre todo en las zonas específicas de trabajo, para evitar la absorción de vapores y grasas, por lo que el alicatado es una opción recomendable frente a la pintura.

Tras estas reglas básicas conviene hacer hincapié en ser cautos en cuestión de tendencias a la hora de diseñar una cocina, y no dejarnos influenciar por ideas preconcebidas ni intentar introducirlas con calzador. En la actualidad están tomando auge las cocinas con isla, pero dependiendo del espacio con el que contemos no siempre será una opción adecuada. La elección de los electrodomésticos también es importante, pensando siempre en la utilidad que les vamos a dar.

Contar con profesionales siempre será una garantía de calidad en el resultado final. En España tristemente suele considerarse la presencia del arquitecto como un gasto y no como un ahorro. Sin embargo, contar con un arquitecto profesional nos garantizará no sólo un correcto diseño de la cocina, sino que además nos aportará un conocimiento específico de materiales, de sus calidades y de sus costes, lo que conllevará una correcta elección de éstos y un importante ahorro económico durante la obra y durante su uso futuro.

 

 

ARGM